Preciado sueño.

Todo se esfuma en una nube obscura, puedo escuchar gritos cercanos, observo caras a mi alrededor, pero no las reconozco, están asustadas, y se percibe en el ambiente un aire fúnebre y mohíno, los médicos corren apresuradamente. Siento una punzada en mi brazo, el picor se extiende poco a poco, y mi conciencia desaparece. Abro los ojos, asustada, intento moverme, pero mis intentos no son más que fracasos, un suspiro alterado se escapa, y pequeñas burbujas flotan hacia la superficie, estoy en medio del agua, en medio de nada, convirtiéndome en nada y hundiéndome, esperando impaciente a mi doloroso pero irreversible e inevitable final. Me acerco a la arena, al suelo, los latidos de mi corazón aumentan, alterados, ansiosos, ¿estoy muerta? En el momento en que mi cabello se posa en el piso, una corriente de electricidad me recorre, y de un momento a otro me traslado a una camilla, a un hospital.

Pequeñas lágrimas recorren la cara de mi amado, ahora lo recuerdo, tomando fuertemente mi débil y pálida mano, con desgarradores quejidos acompañándonos. Al abrir los ojos, transito mi mirada por la habitación, no hay mucho que decir, es una habitación de hospital común y corriente, en mi brazo clavada se encuentra una aguja con suero, y antes de que pudiera darme cuenta sus cálidos labios besaban mi frente. Hace algunos días hubo un baile escolar, estaba tan entusiasmada por ir, trabajé y ahorré para comprar mi vestido, él me había invitado a aquella fiesta, no podía ser más feliz. Después de lo ocurrido, de que aquel auto chocara con el nuestro, caí inconsciente al piso, me perdí de la gala, de mi baile con él, de la música, de nuestro posible primer beso, todo por un hombre que no pudo manejar su pesar y decidió tomar antes de enfrentar sus problemas, y sin pensar, decidió manejar a su casa aquella noche de septiembre, nuestra noche de septiembre.

-Es una pena que no pudimos bailar ese día- Me dice-Pero… podríamos intentarlo hoy-

Asiento con la cabeza.

Unas entrañables manos sostienen mi cadera, rodeo su cuello con mis brazos, y me ayuda a levantar. Mis pies descalzos pisan el congelado piso. Saca su celular del bolsillo de su jean y coloca una canción, comienza a tararearla en mi oído con su melodiosa voz, duramos ahí bastante tiempo, pienso yo, porque mi percepción del mismo comenzó a estropearse, el uno junto al otro, moviéndose al ritmo de la música de un lado a otro. Pronto una sensación de pesadez recorre mi cuerpo, estoy débil, y caigo en sus brazos.

-Estoy cansada- Le susurro.

E inmediatamente me carga de forma nupcial y me lleva de vuelta a la cama, despidiéndose con un beso.

Aunque no todo fue felicidad en este suceso, esas acciones hicieron de mi día el mejor, quizá habría sido mejor si segundos después de besarme no hubiera despertado en mi cama, en mi casa, de aquel preciado sueño.


En esta ocasión pensé en escribir sobre un sueño que tuve hace algunos días, lamento no haberlo subido el viernes, pero realmente no me sentía inspirada para escribir. Intentaré, sin falta, subir el próximo viernes otra entrada, mientras tanto aclaro que los acontecimientos en este texto no fueron reales, pero si pertenece a las cosas más bonitas que he soñado.

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Hasta pronto.

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