Y este es el adiós.

Tres años fueron los que pasaron. No como un abrir y cerrar de ojos, el tiempo fue preciso, fue perfecto ¿Sin arrepentimiento? Ni siquiera tuve el honor de decirte la verdad.

Un mes es lo que se precisa para finalmente olvidar nuestra existencia. Tan lejano, tan cercano. No pude experimentar tus abrazos, ni un beso, ni palabras inolvidables, sólo un guiño en vano.

¿Hasta cuándo, maldita inutilidad?

Coraza helada, seguro esa fue la imagen que te llevarás de mí, porque mi miserable existencia no pudo permitirte conocer un corazón más blando. Seguro buscarás el amor que no crees encontrar en mí, está bien, si eres feliz, yo lo soy.

¿Merecerás tanto pensamientos? ¿Un blog entero? Porque cuando noto tu carente esencia en tus acciones, me pregunto si en verdad vales la pena.

Este es el adiós, no hay marcha atrás. Sigue con tu vida, que me veré forzada a seguir con la mía.

Sólo un último favor del que no tendrás conciencia: No me olvides, porque yo no lo haré.

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